martes, 27 de septiembre de 2011

Malasombra y la maciza

       Regresé de Granada algo aturdido por lo vivido allí. Necesitaba algo para entretenerme y olvidar la mala experiencia. Dicen que los experimentos con gaseosa y tienen razón. Debía volver a una de mis actividades rutinarias y apostar a caballo ganador para no llevarme una decepción.
       Una de mis actividades favoritas es la manipulación. A veces por dinero y otras, como en el presente caso, simplemente para reirme. ¡los humanos son tan fáciles de manipular!
       Lo primero sería reunir a unos cuantos de mis esbirros para que me diesen ideas y poder aprovecharlas. El primero en hablar fue un extraterrestre al que salvé la vida. Lo encontré a punto de tirarse por un puente. El pobre debía estar deprimido porque venía de Plutón y se habría enterado de que su punto de origen había sido degradado de "planeta" a "planeta enano". Le dije que eso era una chorrada terrícola y que no hiciese caso. Debía sentirse orgulloso de sus orígenes. Desde entonces está a mi servicio. Nunca sabe uno cuando necesitará un plutoniano o plutense. Escuché atentamente sus palabras y, como siempre, no entendí nada de lo que dijo. Es más, estoy casi seguro que él tampoco me entendía a mí y que desistió de tirarse por el puente porque le hizo gracia mi indumentaria rigorosamente negra, a excepción de una pajarita naranja butano que solía ponerme de vez en cuando. Pero como me resultaba simpático verle correr detrás de las mariposas para comérselas lo conservaba a mi lado. Todavía no tenía nombre, había pensado en Pluto, pero me parecía demasiado evidente llamarle así. Soy mucho más retorcido, algún día decidiré cómo llamarle.
       El resto de consejeros siguieron dándome ideas, la mayoría absurdas, que son las que me gustan. Las iba anotando para futuras aventuras, pero ninguna me convencía para llevarla a cabo en este momento. Finalmente entró en escena un tuareg con camello y todo al que acogía en mi castillo en justa reciprocidad. El tuareg me invitó a pasar a su tienda hace mucho tiempo, cuando estuve trabajando en el desierto contando los granos de arena. La verdad es que el hombre no dijo nada, se limitó a ofrecer dátiles a los presentes en aquella reunión. Entonces lo vi claro. Dátiles, palmeras, El Palmeral, Patrimonio de la Humanidad, Elche.
       Localicé a unos cuantos hackers y les ordené que manipulasen una votación de una revista. Hicieron un buen trabajo y estoy contento con el resultado. De momento no les voy a delatar, por si los necesito más adelante.
       Nadie me negará que la muchacha está maciza.

La Dama de Elche es más sexy que Pilar Rubio y Elsa Pataky

La revista FHM ha lanzado una encuesta en la que cuestiona quién es la española más sexy de todos los tiempos. Entre todas las bellezas, ha resultado ganadora la maciza Dama de Elche. Ni Elena Anaya, a la que recientemente se le han descubierto sus encantos junto a su novia en una playa de Formentera, ni Paz Vega, Elsa Pataky, o Pilar Rubio. Ninguna de ellas, ha sido la elegida.
 

http://www.diariovasco.com/rc/20110926/mas-actualidad/gente/damadeelche-sexy-espana-201109261756.html

sábado, 24 de septiembre de 2011

Malasombra en Granada

       Estaba paseando tranquilamente cuando me entraron ganas de beber algo. Entré en un establecimiento de esos que sirven bebidas, se llaman bares. No me gustan mucho porque los humanos suelen entrar para pasárselo bien. Los humanos no deberían divertirse, es antinatural.
       Me acerqué a la barra y pedí un Red Sky, un cóctel a base de vodka, cava y granadina. El camarero me dijo que no le quedaba granadina y preguntó si me apetecía otra cosa. Le dije que no, pero acordé con él que yo traería una botella para que me lo preparase y dispuse los preparativos para la nueva misión.
       Evidentemente el sitio pefecto para comprar granadina es Granada y hacia allí encaminé mi rumbo a lomos de un burro, que era mi nuevo medio de transporte. Me lo recomendó un señor entre insultos y yo, a las personas que insultan las respeto. Resulta que casi lo atropello con uno de mis coches, pero en el último momento me esquivó y fallé. Una de las cosas que me dijo fue "burro". Decidí aceptar su consejo y comprar uno para mis desplazamientos.
       Después de unas semanas de viaje llegué a Granada y al ver a una lugareña me pregunté cómo meterían la granadina en una botella. Seguramente triturarían a la señorita y después recogerían los líquidos resultantes para embotellarlos. No tengo nada contra ese método, es más, me parece hasta divertido, pero como no soy experto pregunté a un policia local que pasaba por allí:
       -Señor Policía, ¿dónde puedo comprar a una granadina que ya esté embotellada?
       -En cualquier supermercado- me contestó.
       -¡Anda! y ¿no se quejan las familias de las chicas asesinadas y trituradas?
       -¿De qué está hablando, señor?-preguntó el policía- ¡Documentación!
       Mi instinto me dijo que debía salir huyendo y lo hice. No entendía nada de lo que estaba pasando. Es decir, en Granada se pueden triturar y embotellar señoritas, pero no se puede preguntar. El policía intentó perseguirme, pero la calle era cuesta arriba y desistió.
       La carrera me había dado sed y encontré un lugar que ponía Alhambra. ¡Qué bien! Una cervecita me calmaría. Entré al lugar, pero no encontré la barra por ningún sitio, eso sí, tenía unos jardines muy cuidados y unos muros que parecían viejos. En ese momento, recibí una llamada en el móvil, era uno de mis esbirros que me tenía que conseguir el nombre de una persona para un trabajito que tengo que hacer próximamente. No tenía un lápiz a mano, pero sí una moneda y para tomar nota me dispuse a grabar el número en uno de los muros. Luego pediría algo por ahí para pasarlo a papel. En esas estaba cuando se acercaron varios empleados del lugar con policias que me detuvieron. Aquello escapaba a mi capacidad de comprensión, ¿qué había hecho mal? ¡Estaban todos locos! Lo único que se me ocurrió para salir del paso es hacerme pasar por militar jordano y simular que no conocía el idioma. Me liberaron y salí de aquella ciudad, que será muy bonita, pero la gente es un poco estraña. El camarero que me esperaba con la granadina, podía esperar sentado. A partir de ahora, cerveza y agua.

Detenido un militar jordano por cincelar su nombre en la Alhambra de Granada


         http://www.20minutos.es/noticia/1144732/0/escribir/nombre/alhambra/

jueves, 1 de septiembre de 2011

A Cielo Abierto

       Caminaba cabizbajo y taciturno, siempre me gustó la palabra taciturno, por fin puedo utilizarla. Estaba desolado por una noticia triste: El programa A Cielo Abierto de la Cadena Cope se terminaba para siempre. Las personas que lo hacen seguirán en distintos proyectos y seguramente me los volveré a encontrar por las ondas, pero el programa, no.
       En estas estaba, cuando una urraca se posó en mi hombro y me habló. Bueno, si un muñeco de madera tiene un grillo que habla, ¿porqué razón iba yo a ser menos?
       -¿Qué te pasa Malasombra?
       -Amiga urraca, voy a echar de menos A Cielo Abierto. Permanecí fiel a ellos desque el inicio, cuando Enrique Campo fundó el programa. Le acompañaban en aquella aventura Elena Grandal, la risa más bonita de la radio. Miguel Chiverto, un tipo curioso que estuvo poco tiempo y que pasó al fin de semana con mi amiguita Maria José Bosch. Hablando de mi amiguita, don Nicolás Carbajo estuvo tirándole los tejos una temporada, pero la Bosch no picó. Y Juan Solo, un tío interesante que dice lo que piensa sin complejos y sin preocuparse por lo políticamente correcto.
       Recordar a todas las personas y personajes que pasaron por esos micrófonos durante años es imposible, pido perdón si me olvido de alguno.
       El ya mencionado profesor Carbajo, cascarrabias, maniático, culto y gorrón.
       Luis María Sansón, aventurero y estafador, que no sabía cuando había nacido, ya que le encontararon en el Orinoco dentro de una caja de cerveza.
       Alfonso García, el motormán, Siempre con sus coches y sus "amigos" de la DGT.
       El doctor Waksaman, obligado a permanecer oculto para que los gobiernos no lo eliminasen, debido a los secretos que conocía.
       Daniel Trigo, cuya misión era perderse por las calles de Madrid cuando hacía conexiones con empresas e instituciones que trabajaban de madrugada. Cuando digo perderse, lo digo literalmente. Históricas esas entradas en antena: "Enrique, que me he perdido y no encuentro el sitio"
       Romina López, con sus ataques de risa y sonar de tripa. Una noche hablando de recetas le sonaron las tripas, Enrique acercó el micro a su estomago y todos pudimos escuchar aquel sonido.
       Raúl Santos, Javier Muñoz, Alejandro Vesga, muchos colaboradores y miembros del equipo que, a lo largo de los años dieron vida a la radio.
       Después vino la segunda etapa. La que dirigió el gran Juan Carlos Ramos, una de las personas más geniales que he escuchado en la radio. Ahí fue donde dí señales de vida con mi sarcasmo y mi "mala uva". Juan Carlos, como director, lo permitió. Y junto a mi cómplice y amiga Teresa Salinas desarrollé una labor para la que he nacido: meter el dedo en el ojo de los demás. Mourinho es un copiota.
       Teresa Salinas, que pertenecía al equipo del programa, ponía voz a los oyentes, además de distintas secciones. Cuando se marchó, lo noté mucho. Era la que mejor interpretaba mis tonterias.
       Borja Herrera, que fue blanco de mis ataques una temporada, hasta que me puso una canción y lo indulté. Experto en música y bicicletas. Un tío magnífico.
       Fernándo Martín, que puso en marcha una de mis secciones preferidas: el veredicto. Por supuesto me hice miembro de la corporación veredictina inmediatamente. Especialista en chistes malos, que son los que me gustan, y en no gustarle el jamón.
       Dani Sánchez, que hablaba a la velocidad de la luz, pero se le entendía. Especialista en refranes imposibles.
       Esta última temporada Maryana Castillo, venezolana simpática y divertida y una de mis fans (lo dijo ella).
       Maria Adela, especialista en arte, y con una surrealista selección musical cuando daba el parte meteorológico. Su famosa bufanda se expone en el Museo del Prado.
       Laura Novo, experta en inventos inútiles, en no dormir, en cocinar pasteles de nueces sin nueces y víctima de algunos de mis ataques más virulentos.
       Alma Gómez, que ha estado estos dos últimos meses de prácticas. Muy simpática, lástima que no sea del Real Betis, pero nadie es perfecto.
       Lucia Campo, que no es la prima de Enrique Campo, pero es la prima de Enrique Campo. Una voz preciosa que ha sido la última en darnos voz, valga la redundancia, a los oyentes.
       Angel Arias, Miguel Soria (Frikisoria), Ana Pérez, Alfonso García....
       Evidentemente me olvidaré de alguien y cuando lo recuerde me daré un cabezazo contra la pared. Pero mi memoria a estas horas no da para más, recuerdo secciones, pero los nombres no me vienen. Perdón.

       Después de toda esta parrafada miré a mi hombro y el cuervo, que había permanecido atento a todo lo que le había contado, me dijo.
       -Malasombra, con todo tu poder, ¿porque no evitas el cierre del programa?
       -Querido cuervo, han pagado el precio por ser mis amigos. Las principales organizaciones del mundo quieren hacerme daño, pero no lo han conseguido. El lado oscuro es más poderoso. y lo saben. Han intentado vengarse de mí cerrando A Cielo Abierto. Lo que no saben es que me da igual, porque yo no tengo sentimientos.
       -Me alegra escucharte Malasombra, estaba preocupado y por eso me acerqué.
       -Puedes marchar tranquilo, que sigo siendo el mismo tipo frío, maligno y despiadado.

       El cuervo se alejó volando, caminé unos metros y cuando estuve libre de miradas indiscretas hice algo por primera vez en mi vida: permití que una lágrima brotase de mis ojos.
      
      
      
      
      

domingo, 28 de agosto de 2011

La fiesta de Malasombra

       Mi nuevo personal había demostrado una falta de escrúpulos aceptable al ayudarme a escarmentar a la chica de la panadería. Pero debía comprobar que eran personas leales y discretas ante mis actividades malignas. Para ello se me ocurrió dar una fiesta en mi castillo. En realidad la idea se la robé a la Yaya María José, pero robar es aceptable según mi escala de valores.
       Afortunadamente no tengo amigos. Pero sí algunos conocidos que comparten mis ideales malignos. La lista de invitados es lo más fácil, aunque para completarla debo recurrir a la máquina malasombrina, capaz de viajar por el tiempo, por el cine y por la literatura. Tengo que ponerle un nombre a este asombroso artefacto. A partir de ahora la llamaré Cujo, en honor al simpático perrito de la novela de Stephen King.
       ¡Vaya delantera la de Sofia Vergara! Esto no tiene nada que ver con este post, pero tengo la tele enfrente mientras escribo y estoy viendo imágenes de Modern Family. Una serie mala, pero ¡cómo está la Sofia!
       Bueno, después de unos cuantos viajes mis invitados estaban llegando. Atila fue el primero, por supuesto con su caballo. El Cardenal Richelieu con la adorable y maligna Milady de Winter. El pirata Barabanegra y algunos de sus hombres, con sus elegantes modales. Hannibal Lecter y su  divertida conversación. Norman Bates, que se disculpó por no haber traído a su madre, parece ser que estaba algo indispuesta. Lex Luthor, un personaje que nunca consigue sus propósitos, pero su perseverancia en hacer el mal merece mi admiración. Un inspector de Hacienda y 2 ó 3 invitados más que iban a colaborar conmigo durante la fiesta.
       Después de tomar una copa de vino Don Simón les invité a sentarse a las mesas, que estaban dispuestas frente a un improvisado escenario que iba a servir para que un par de artistas amenizaran la velada. Yo odio la música, por supuesto, y consulté cuales eran los más famosos hoy día. Me dieron dos nombres: Justin Bieber y Lady Gaga. Ni me sonaban los nombres, pero los contraté.
       Después de que los criados sirviesen los aperitivos, cebolla cruda cortada en dados y hormigas salteadas con mantequilla caducada, dieron comienzo las actuaciones.
       El primero en salir fue Justin Bieber, aunque después de verlo tenía dudas de si se llamaba Justin o Justina. A los pocos segundos de empezar a cantar, mis invitados hicieron gestos de disgusto. Dirigieron hacia mí sus miradas como buscando una explicación, pero enseguida los calmé:
       -No se preocupen, que la actuación no ha terminado, ahora viene lo bueno.
       Le hice un gesto, previamente pactado, a uno de mis cómplices. Un bonito muñeco que a veces cobra vida y después de aparecer sobre el escenario le dije:
       -Adelante Chucky, todo tuyo o tuya, sea lo que sea lo que canta.
       Bastó la primera puñalada para que ovacionaran la actuación sorpresa. Los ánimos y el jolgorio aumentaban con cada pinchazo del puñal oxidado. Cuando acabó el trabajo y sólo quedaba una masa amorfa y sanguinolienta sobre el suelo, el aplauso fue descomunal y unánime. Estaba contento, mis invitados se divertían.
       Después de que el servicio recogiese los restos para dárselos a los buitres, que también tienen derecho a comer, decidí que era hora de servir el plato principal de la cena: Mis cocineros habían preparado unos cuantos murciélagos al horno y mientras comían di paso a la actuación principal.
       Apareció Lady Gaga, que había permanecido en su camerino ajena a lo sucedido. Le pedí que actuase con un vestido de su colección: uno compuesto de carne cruda con la que la había visto en una foto y así lo hizo. Enseguida atrajo todas las miradas. Yo sabía que el asqueroso menú que había dispuesto les iba a dejar con hambre. Fue Hannibal Lecter el primero en levantarse, pero le dije que tuviese paciencia que enseguida haríamos carne a la brasa. Lady Gaga dejó de cantar y miró horrorizada a un señor que subía al escenario, seguido de unos cuantos sirvientes que portaban unas barbacoas portátiles y unas parrillas. Aquel señor era un parrillero de reconocido prestigio. Se lo presenté:
       -Señorita Gaga, le presento al señor Torquemada. Va a tener usted el honor de que su traje sea cocinado por él. No se preocupe, la dejaré marchar con vida. Es posible que necesite sus servicios más adelante. Por cierto, no espere usted al señor Bieber, que ha tenido un contratiempo.
       Dispuse un biombo y un albornoz para que se quitase el vestido y estar a salvo de miradas lascivas, por encima de todo soy un caballero. Después de desprenderse de su vestido la amenacé para que guardase silencio y pagué generosamente por su "actuación"
       El señor Torquemada tenía su carne, ya podía cocinarla con la ayuda de otro invitado que la cortaría en trozos adecuados, Freddy Krueger, que había llegado tarde porque estaba en los sueños de alguna jóven divirtiéndose. Este Freddy, siempre tan informal, pero se hace querer el pobre.
       Después de tener el estómago lleno, mis invitados formaron los típicos corrillos para charlar de sus cosas. Sin duda la fiesta había sido un éxito. El único que se quejó fue el bueno de Lecter, que hubiese preferido comerse a Lady Gaga, pero tuve la precaución de guardar los riñones de Justin Bieber y se los ofrecí. Los cocinó el mismo y quedó satisfecho finalmente.
       Ya de madrugada, mis invitados abandonaron mi castillo. Sólo quedaba una cosa, reunir a mis sirvientes y lanzarles una advertencia:
       -Ya conocen mi forma de actuar, ¿algún problema? ¿alguien quiere dejar este trabajo?
       -No señor.-respondieron al unísono.
       -Bién, pueden retirarse.
       Yo también lo hice, satisfecho por haber dado aquella maravillosa fiesta.
      
      

martes, 23 de agosto de 2011

No sonrían a Malasombra o...

       La chica nueva que habían contratado en la panadería de la esquina me cae bastante mal. Mi primer contacto con ella fue desastrosso. Entré a comprar un chusco de pan y me recibió dándome los buenos días con una amplia sonrisa. ¡Maldita insolente! Sin duda la culpa era mía; si no hubiese despedido a todos mis criados aquella mañana me habría evitado la desagradable tarea de interactuar con otros seres humanos.
       al día siguiente tuve que volver al establecimiento. Ya había contratado unos cuantos sirvientes, pero antes de comenzar con sus tareas debían pasar una prueba. Había muchas personas dentro y tuve que esperar mi turno. La señora que estaba en primer lugar, mirando el mostrador, dijo:
       -Pues la verdad, es que no se qué pedir. Quería algo para el desayuno, pero no sé que me apetece. ¿Cuánto cuestan las napolitanas?
       -90 Céntimos- respondió la chica.
       -¡Muy caras! Y aquello de allí, ¿qué lleva?- volvió a preguntar.
       -Son pasteles de carne, cuestan 1 euro cada uno.
       -No le he preguntado el precio, si no, lo que llevan dentro.
       -Pues llevan carne, algo de huevo, tomate y pimiento.
       -Hija, es que no me decido.
       -Pues hágalo señora, que hay muchos clientes esperando- respondió la chica un poco molesta.
       La verdad es que tenía razón, la panadería estaba llena de personas que esperaban su turno y ya estaban impacientándose. Se escuchaban algunas quejas y la dependienta optó por lo más sensato. Se dirgió al señor que estaba el siguiente en la cola y le preguntó qué quería.
       Pero entonces la primera señora dijo gritando:
       -¡Oiga! ¡Yo estaba primero! ¿Cómo se atreve a quitarme el turno?
       Los demás empezaron a gritar y a discutir entre ellos. El barullo hizo salir del obrador al dueño de la panadería y trató de poner un poco de órden. La pobre dependienta no sabía qué decir y la señora que no se decidía le dijo al panadero:
       -Sólo he pedido una barra de pan y no quiere dármela. ¿Qué le pasa a esta chica?
       -¡No es cierto!- replicó la dependienta.
       Entonces todos los demás dijeron que era verdad, que la señora había pedido una barra de pan. La pobre chavala comenzó a llorar y salió corriendo de allí. Yo había permanecido en silencio durante todo el incidente y ya era hora de decir algo a todos los presentes:
       -¡Silencio! Les comunico que han pasado la prueba, pueden incorporarse a mi servicio inmediatamente. Usted, señor panadero, vuelva a llamar a la chica, que se reincorpore al trabajo y dígale que no vuelva a sonreirme nunca más o la próxima vez tomaré medidas más serias. Aquí tiene un cheque por las molestias. Los demás, vengan a mi castillo para comenzar con sus tareas.