Hola y tal y bienvenidos a un nuevo pograma de debate y eso que "La octava" me da la oportunidad de dirigir y presentar. En este pograma que, por cierto, se llama "Al gris en las últimas", daremos la oportunidad de enfrentar a personajes de actualidad o no para que expresen con total libertad sus puntos de vista. Hoy, como es el primer pograma, he invitado a dos pesos pesados de las letras:
William Shakespeare y Miguel de Cervantes. ¡Un fuerte aplauso para ellos!
-Señor Shakespeare, un honor que nos visite.
-El honor es mío, señor Malasombra, pero déjeme decirle que se dice "programa" y no "pograma", como usted ha hecho ya tres veces.
-Escucha Willy, no me toques los cohones, que alguien que habla con calaveras no va a venir a decirme cómo tengo que hablar. Sé perfectamente que se dice "programa" pero yo digo "pograma" porque me hace gracia y punto.
¡Plas, plas, plas, plas, plas,!
-Gracias por los aplausos, querido público. Ahora saludo a don Miguel que, por cierto, ha perdido una oportunidad de oro para que me caiga bien. Buenas noches, señor Cervantes.
-Buenas noches, señor Malasombra, no entiendo a qué se refiere, ¿qué oportunidad he perdido?
-Bueno, bueno, yo creía que estaba ante dos genios y resulta que son más bien cortitos. Mira, Miguelito, cuando le he dado el corte al Willy han aplaudido todos y tú no lo has hecho.
-Pero, señor Malasombra, se ha fijado en que me falta un brazo.
-¡Bah! detallitos sin importancia. Vamos a lío que el tiempo es oro. A ver, Willy, ¿qué es lo que huele mal en Dinamarca? ¿Acaso los daneses no se duchan? ¿Insinúas que los daneses son guarros? ¿A qué huelen las nubes?
-Verá, señor Malasombra, es un recurso literario que incluí en Hamlet para definir de forma metafórica que la muerte de su padre...
-¡Ehhhh! ¡Nada de spoilers, Willy! Además, ya me estaba aburriendo con la explicación. Ahora te callas un ratito.
-Miguelito, ¿cómo te sienta que a unos dulces que hacen en La Roda les hayan puesto tu nombre?
-Bueno, no sé qué decir, supongo que está bien, no me ofende si se refiere a eso.
-Pues sí, a eso me refería, le ponen a unos dulces "Malasombritos" y arraso el pueblo, pero parece que tú no tienes sangre, ¿no fuiste soldado?
-Sí, fui soldado, y luché contra los turcos junto al capitán Juan de Urbina al servicio de Felipe II.
-¿Juan de Urbina, el que la tenía como una lubina?
-¿Cómo dice?
¡Jajajajajajajajajajajajajajajajajajajajaja!
-Veo que al público le ha hecho gracia. Pero he advertido que la persona sentada en la tercera fila, en el asiento ocho, no se ha reído. ¡Venga aquí, persona del público! ¿No le ha hecho gracia?
-La verdad es que no.
-Está bien, admiro su sinceridad y como prueba le regalo un viaje con todos los gastos pagados a una ciudad maravillosa llamada culo. ¡Qué se lo lleven!
-Bueno, sigamos y si oyen gritos de dolor no se preocupen: es que Matias Prats está probando el látigo con el tipo que acabo de echar y ensayando con el "permítame que insista". Espero que luego limpien bien la sangre.
-Ya no sé ni por donde iba este debate o lo que sea, pero ¿en serio es tan interesante como para seguir? No sé yo...
-Willy, ¿Algo que añadir?
-Verá, quiero reivindicar mi obra que se ha representado durante siglos y exijo que usted respete mis ideas y mi compromiso con el noble arte de las letras llevadas a ese maravilloso templo que es el teatro donde se puede reír, llorar, pensar...
-¡Ehhhhh! ¡Corta el rollo! ¡Perroflauta! ¡Te voy a encerrar!
-Pero yo sólo...
-Ni solo, ni cortao, ni descafeinao...¡Al calabozo!
-A ver, Miguelito, algo que añadir antes de terminar.
-Señor Malasombra, perdone que se lo diga, pero el supuesto público son gigantes que nos atacan.
-¡Pardiez! ¡Pues acabemos con ellos! ¡Tomemos las lanzas!
Y así fue como Don Miguel de Cervantes y un servidor alanceamos a cincuenta personas que salieron huyendo despavoridas y con algún agujero de más. Ahora estamos atrincherados y tenemos como rehén a Willy. La policía acaba de exigirnos que liberemos a Willy y les he dicho que no tenemos ballenas y que si quieren ver una peli que se vayan al cine. Por cierto, a la orca se le llama ballena asesina, ¿sabéis que no hay registrados ataques a humanos de estos bichos en libertad? En fin, que será mejor que me entregue porque Miguelito se está poniendo pesado y lo mismo escribe algo. Eso no lo puedo consentir porque me dejaría mal. De todas formas pasaré poco tiempo en la cárcel. Tengo un amiguete que tiene un amigo que conoce a alguien de Faustbanc y que se limpiará las manos con mi caso.
Ser o no ser, he ahí la cuestión...Pero, ¿cuál es la respuesta? ¿Ser o no ser? Si preguntara, ¿Sofía Vergara o Kate Upton? La respuesta sería obvia: las dos. Pero ¿ser o no ser?
Sespir: vete a la mierda, hombre.
Santi Malasombra
domingo, 24 de abril de 2016
domingo, 10 de abril de 2016
Desmontando refranes
Dicen que el refranero es sabio, pero es mentira: es más falso que yo cuando sonrío. Voy a desmontar algunas de las frases que han pasado de generación en generación y que han mantenido a la humanidad engañada. Menos mal que estoy yo aquí para que se sepa la verdad.
"No hay mal que cien años dure"
En abril de 1912 se hundió el Titanic. En su día ya conté la verdad sobre esta tragedia. Adjunto enlace como hacen los blogueros y eso... Pincha Aquí para leerlo.
El caso es que ya han pasado más de cien años y a día de hoy, además de las 1.500 víctimas, continúa la tragedia: ¡Sigue sonando la maldita canción de la maldita película del maldito Cameron! No me negaréis que el mal sigue durando un siglo después.
"El que la hace la paga"
Bien, la cerveza se consume desde hace milenios y se vende en tabernas desde hace siglos. ¿Vosotros pensáis que los que la hacen la pagan? ¡Pues no! La paga quien la toma. Si vais a un bar y pedís una caña comprobaréis que estoy en lo cierto.
"No hay enemigo pequeño"
¿Cómo que no? ¿Cómo que no? ¿Cual es el animal que más muertos ha causado en la historia de la humanidad? No es el león, ni el cocodrilo, ni el hipopótamo, ni la serpiente, ni el humano...¡Es el mosquito!
"No hay dos sin tres"
No sé, pero yo no conozco a nadie con tres manos, tres orejas, tres piernas, tres ojos...Bueno, figuradamente se dice de algunos señores que tienen tres piernas y puedo admitir lo del tercer ojo, pero figuradamente. La realidad es que sí hay dos sin tres.
"La primera impresión es la que cuenta"
Vamos a ver, hoy con la impresión digital es posible que un libro salga bien a la primera, pero dudo mucho que cuando el señor Gutenberg probó su invento se quedase con la primera impresión. Supongo que el hombre haría sus pruebas antes de presentar "La Biblia", ¿No?
"El que siembra vientos recoge tempestades"
¿Estamos locos? El viento no se puede sembrar. Se pueden sembrar muchas cosas como el lúpulo para hacer cerveza y otras cosas menos importantes, pero no el viento.
"De los cuarenta para arriba no te mojes la barriga"
¿No te puedes duchar a partir de los cuarenta? ¡Claro que sí! Yo creo que el que inventó este refrán era un guarro y lo utilizó como escusa.
"Cada oveja con su pareja"
Cuando las señoras ovejas están en celo son inseminadas por los señores carneros. No les importa quienes sean. No son como las águilas, por ejemplo, que se emparejan de por vida. No he puesto a los humanos como ejemplo porque hablando de carneros y cuernos...en fin...
"Cuando el diablo no tiene nada que hacer mata moscas con el rabo"
Este es el último por hoy. Mata moscas con el rabo o se lee una lista de refranes y les da la vuelta porque le apetece escribir algo y no se le ocurre una aventura que contar...Tal vez otro día...
Santi Malasombra
"No hay mal que cien años dure"
En abril de 1912 se hundió el Titanic. En su día ya conté la verdad sobre esta tragedia. Adjunto enlace como hacen los blogueros y eso... Pincha Aquí para leerlo.
El caso es que ya han pasado más de cien años y a día de hoy, además de las 1.500 víctimas, continúa la tragedia: ¡Sigue sonando la maldita canción de la maldita película del maldito Cameron! No me negaréis que el mal sigue durando un siglo después.
"El que la hace la paga"
Bien, la cerveza se consume desde hace milenios y se vende en tabernas desde hace siglos. ¿Vosotros pensáis que los que la hacen la pagan? ¡Pues no! La paga quien la toma. Si vais a un bar y pedís una caña comprobaréis que estoy en lo cierto.
"No hay enemigo pequeño"
¿Cómo que no? ¿Cómo que no? ¿Cual es el animal que más muertos ha causado en la historia de la humanidad? No es el león, ni el cocodrilo, ni el hipopótamo, ni la serpiente, ni el humano...¡Es el mosquito!
"No hay dos sin tres"
No sé, pero yo no conozco a nadie con tres manos, tres orejas, tres piernas, tres ojos...Bueno, figuradamente se dice de algunos señores que tienen tres piernas y puedo admitir lo del tercer ojo, pero figuradamente. La realidad es que sí hay dos sin tres.
"La primera impresión es la que cuenta"
Vamos a ver, hoy con la impresión digital es posible que un libro salga bien a la primera, pero dudo mucho que cuando el señor Gutenberg probó su invento se quedase con la primera impresión. Supongo que el hombre haría sus pruebas antes de presentar "La Biblia", ¿No?
"El que siembra vientos recoge tempestades"
¿Estamos locos? El viento no se puede sembrar. Se pueden sembrar muchas cosas como el lúpulo para hacer cerveza y otras cosas menos importantes, pero no el viento.
"De los cuarenta para arriba no te mojes la barriga"
¿No te puedes duchar a partir de los cuarenta? ¡Claro que sí! Yo creo que el que inventó este refrán era un guarro y lo utilizó como escusa.
"Cada oveja con su pareja"
Cuando las señoras ovejas están en celo son inseminadas por los señores carneros. No les importa quienes sean. No son como las águilas, por ejemplo, que se emparejan de por vida. No he puesto a los humanos como ejemplo porque hablando de carneros y cuernos...en fin...
"Cuando el diablo no tiene nada que hacer mata moscas con el rabo"
Este es el último por hoy. Mata moscas con el rabo o se lee una lista de refranes y les da la vuelta porque le apetece escribir algo y no se le ocurre una aventura que contar...Tal vez otro día...
Santi Malasombra
domingo, 13 de marzo de 2016
Final feliz
-Doctor, no estoy bien.
-¿Qué te pasa, Malasombra?
-Hacer el mal ya no me sale bien y eso me deprime.
-¿Ha pasado algo en estos días fuera de lo normal?
-Pues ahora que lo dice, sí. Monté en el autobús y sólo quedaba un sitio libre. Estaba a punto de sentarse en él una señora embarazada y no lo podía permitir por lo que la aparté y me senté yo. En ese momento el asiento se desplomó. Con la prisas no había visto un cartelito sobre el respaldo que prohibía sentarse. La señora me dio las gracias sonriendo por el favor que le había hecho. Me sentí mal porque mi intención era que ella se quedara de pie y se enfadara por mi descortesía.
Bajé del autobús dispuesto a redimirme y lo primero que hice fue comprar una careta de monstruo y apostarme en una esquina para asustar al primero que pasara. Pues nada, pasa un tipo, le pego un grito y a a los pocos segundos me da las gracias. Resulta que llevaba varias horas con hipo y yo se lo había quitado.
Y aquí no acaba la cosa. Me largo enfadado y me encuentro con unas niñas vendiendo galletas para el viaje de fin de curso. Era mi oportunidad de hacer algo realmente malo. Se las robé y salí huyendo, pero tropecé y caí al suelo. Al levantarme me di cuenta de que me estaban grabando con el móvil y me amenazaron con difundir el vídeo si no les pagaba las galletas por el doble de su valor. Tuve que hacerlo y ellas se marcharon muy contentas y, encima, tarareando un tema del Bieber. ¿Se puede ser más desgraciado que yo? Al menos esta vez no me enfadé porque dentro de lo malo había sido testigo de un chantaje, que siempre es bonito, pero claro, no es tan divertido cuando el chantajeado soy yo.
Pues ya no me quedaba más remedio que acudir a uno de mis grandes clásicos para salvar el día: pegarle a alguien. Entro a un bar dispuesto a armar bronca y pido una cerveza: finjo que está mala y se la tiro al camarero. El tipo se agacha a tiempo y el líquido va a parar a la plancha que en ese preciso momento se estaba incendiando y apago el fuego. ¡Joer! ¡Encima me da las gracias y me invita a otra! Pues no me rindo y le pego un manotazo en la espalda a un cliente para seguir buscando pelea y al darse la vuelta también me da las gracias porque se estaba atragantando y lo había salvado. Para más recochineo, al salir del bar una señora que estaba tomando un café me dice que ojalá hubiese más ángeles como yo por el mundo.
Ya no podía más, doctor, y me largué a mi casa a llorar. Así me he pasado tres días hasta que decidí venir a verle. ¡Necesito ayuda! ¡Usted es psiquiatra! ¡Haga algo! ¡Buaaaaaaa! ¡Buaaaaaaa!
-Venga, malasombra, no llores, que lo que te ha pasado tiene explicación.
-¿En serio, doctor?
-Sí, hombre, ¿conoces la ley de Murphy?
-Pues no, conozco la ley mordaza, que es divertida porque coarta algunas libertades y eso me gusta.
-Pues la ley de Murphy dice que si algo es susceptible de empeorar, lo hará. Eso es lo que te ha ocurrido. Tuviste un mal día y se dieron las circunstancias para que todo te saliese mal, pero la buena noticia es que es algo pasajero y que no ocurre siempre.
-¿Está seguro, doctor?
-Claro que sí, Malasombra, puedes marchar tranquilo, que todo volverá a la normalidad.
-Muchísimas gracias, doctor, ¿cuánto le debo?
-200€ y es precio de amigo.
-Aquí los tiene y además le regalo esta figurita de pastorcito que robé de un belén la última Navidad.
-Pues muchas gracias, amigo.
Pues parece que el doctor me ha tranquilizado, pero de todas formas he de comprobarlo:
-¿Policía?
-Sí, ¿tiene algún problema?
-Verá, he estado en la consulta de un psiquiatra y resulta que tiene una figurita de un pastor llena de cocaína.
-Denos el nombre y la dirección.
-Doctor Freud, calle del Percebe, 13.
-Gracias por su colaboración.
Esperé sentando en un banco enfrente de la consulta del doctor y al poco apareció la policía. Minutos más tarde pude ver como se lo llevaban esposado y, por fin, pude respirar tranquilo.
Si algo he aprendido hoy es que cuando estás abajo del todo sólo puedes subir. No lo olvidéis, queridos amiguitos, y no os rindáis nunca por mal que se pongan las cosas.
Santi Malasombra
-¿Qué te pasa, Malasombra?
-Hacer el mal ya no me sale bien y eso me deprime.
-¿Ha pasado algo en estos días fuera de lo normal?
-Pues ahora que lo dice, sí. Monté en el autobús y sólo quedaba un sitio libre. Estaba a punto de sentarse en él una señora embarazada y no lo podía permitir por lo que la aparté y me senté yo. En ese momento el asiento se desplomó. Con la prisas no había visto un cartelito sobre el respaldo que prohibía sentarse. La señora me dio las gracias sonriendo por el favor que le había hecho. Me sentí mal porque mi intención era que ella se quedara de pie y se enfadara por mi descortesía.
Bajé del autobús dispuesto a redimirme y lo primero que hice fue comprar una careta de monstruo y apostarme en una esquina para asustar al primero que pasara. Pues nada, pasa un tipo, le pego un grito y a a los pocos segundos me da las gracias. Resulta que llevaba varias horas con hipo y yo se lo había quitado.
Y aquí no acaba la cosa. Me largo enfadado y me encuentro con unas niñas vendiendo galletas para el viaje de fin de curso. Era mi oportunidad de hacer algo realmente malo. Se las robé y salí huyendo, pero tropecé y caí al suelo. Al levantarme me di cuenta de que me estaban grabando con el móvil y me amenazaron con difundir el vídeo si no les pagaba las galletas por el doble de su valor. Tuve que hacerlo y ellas se marcharon muy contentas y, encima, tarareando un tema del Bieber. ¿Se puede ser más desgraciado que yo? Al menos esta vez no me enfadé porque dentro de lo malo había sido testigo de un chantaje, que siempre es bonito, pero claro, no es tan divertido cuando el chantajeado soy yo.
Pues ya no me quedaba más remedio que acudir a uno de mis grandes clásicos para salvar el día: pegarle a alguien. Entro a un bar dispuesto a armar bronca y pido una cerveza: finjo que está mala y se la tiro al camarero. El tipo se agacha a tiempo y el líquido va a parar a la plancha que en ese preciso momento se estaba incendiando y apago el fuego. ¡Joer! ¡Encima me da las gracias y me invita a otra! Pues no me rindo y le pego un manotazo en la espalda a un cliente para seguir buscando pelea y al darse la vuelta también me da las gracias porque se estaba atragantando y lo había salvado. Para más recochineo, al salir del bar una señora que estaba tomando un café me dice que ojalá hubiese más ángeles como yo por el mundo.
Ya no podía más, doctor, y me largué a mi casa a llorar. Así me he pasado tres días hasta que decidí venir a verle. ¡Necesito ayuda! ¡Usted es psiquiatra! ¡Haga algo! ¡Buaaaaaaa! ¡Buaaaaaaa!
-Venga, malasombra, no llores, que lo que te ha pasado tiene explicación.
-¿En serio, doctor?
-Sí, hombre, ¿conoces la ley de Murphy?
-Pues no, conozco la ley mordaza, que es divertida porque coarta algunas libertades y eso me gusta.
-Pues la ley de Murphy dice que si algo es susceptible de empeorar, lo hará. Eso es lo que te ha ocurrido. Tuviste un mal día y se dieron las circunstancias para que todo te saliese mal, pero la buena noticia es que es algo pasajero y que no ocurre siempre.
-¿Está seguro, doctor?
-Claro que sí, Malasombra, puedes marchar tranquilo, que todo volverá a la normalidad.
-Muchísimas gracias, doctor, ¿cuánto le debo?
-200€ y es precio de amigo.
-Aquí los tiene y además le regalo esta figurita de pastorcito que robé de un belén la última Navidad.
-Pues muchas gracias, amigo.
Pues parece que el doctor me ha tranquilizado, pero de todas formas he de comprobarlo:
-¿Policía?
-Sí, ¿tiene algún problema?
-Verá, he estado en la consulta de un psiquiatra y resulta que tiene una figurita de un pastor llena de cocaína.
-Denos el nombre y la dirección.
-Doctor Freud, calle del Percebe, 13.
-Gracias por su colaboración.
Esperé sentando en un banco enfrente de la consulta del doctor y al poco apareció la policía. Minutos más tarde pude ver como se lo llevaban esposado y, por fin, pude respirar tranquilo.
Si algo he aprendido hoy es que cuando estás abajo del todo sólo puedes subir. No lo olvidéis, queridos amiguitos, y no os rindáis nunca por mal que se pongan las cosas.
Santi Malasombra
domingo, 6 de marzo de 2016
Un domingo cualquiera
Suena el despertador, lo reviento de un martillazo y me levanto. ¡Es domingo! Bueno, en realidad me da lo mismo porque todos los días son iguales. Lo primero, la ducha: llamo a un esbirro y le ordeno que me traiga a uno de los prisioneros que tengo en las mazmorras del castillo, lo colocan en una pared y le doy un manguerazo de agua con una manguera de esas que usan los señores que apagan incendios. La experiencia me ha enseñado a mantener la presión justa de agua: lo suficientemente fuerte para que el señor prisionero no pueda levantarse, pero que sobreviva para poder reírme otro día de él.
Bueno, pues ya he cumplido con la ducha diaria. Ahora toca el desayuno. Hoy me apetece hacerlo en un bar. Salgo con mi flamante coche deportivo de 500 caballos a los que previamente he alimentado con pienso y buena hierba: al contrario que a los humanos, a los animales hay que tratarlos bien,
La verdad es que no avanzo mucho porque me parece que la hierba era demasiado buena y los caballos parecen colocados. En fin, voy a ponerles un disco de Bob Marley y llamaré a un taxi.
Pues llego al bar y lo primero que veo es a una pareja sentada en un mesa disfrutando del café y de unos churros. No pude ni quise evitar acercarme y decirle a ella:
-Hola, guapísima, después del otro día no te puedo quitar de mi cabeza. ¡Qué bien lo pasamos! Aunque eres un poquito falsa. Dijiste que era un dios en la cama, que volverías a llamarme y no lo has hecho.
-¿Pero qué dice usted? ¡No le conozco de nada!
-Ya, ya, ¿es tu novio?
-¡No! Soy su marido- dijo él levantándose airado y con ganas de pelea.
-Mira muchacho, no te enfades, que para ti es un honor que te ponga los cuernos conmigo.
Me atacó con toda su furia, pero no contaba con que yo no estaba solo: mis guardaespaldas actuaron enseguida y lo inmovilizaron. Saqué del bolsillo un casco de vikingo que casualmente llevaba encima y se lo puse. Ella también me atacó y me dio unos guantazos que aguanté estoicamente sin defenderme: es el pago por ser maligno.
Salí del bar y me di cuenta de que no había tomado nada. Es que a veces me despisto. Entonces recordé que muy cerca del aquel bar había una gasolinera que, además, tiene cafetería. Pues dicho y hecho. Me acerqué y les dije al personal que abandonaran el lugar porque estaba ardiendo.
-¿Qué dice usted? ¡No vemos el fuego!- Contestó uno de ellos.
-No, pero espere un segundo, señor.
Saqué un lanzallamas del otro bolsillo y le pegué fuego al sitio. Todos salieron huyendo y aproveché la confusión para prepararme un buen café que degusté mientras observaba el bonito fuego y el humo negro del combustible ardiendo.
Pronto llegaron los bomberos y con sus mangueras sofocaron el incendio.
-¡Buen trabajo, muchachos!
-Gracias, señor, ¿qué ha pasado aquí? ¿Cuál es el origen del fuego?
-Bueno, señores bomberos, esa es una historia complicada. Según algunos estudios, el hombre comenzó a dominar el fuego hace como un millón y medio de años más o menos. Lo consiguieron frotando dos palos aunque ya lo conocían por la caída de los rayos sobre los árboles. Pero claro, no sabemos a ciencia cierta si consiguieron controlarlo antes. Pero si me permiten hay otra historia que mola más. Verán, un tal Prometeo, hijo de Jápeto, era un Titán que se mezcló con los humanos y trató de que éstos vivieran mejor. Se dio cuenta de que vivían en cuevas y de que no podían cocinar los alimentos. Entonces, subió al Monte Olimpo donde los dioses se pegaban la gran vida y le pidió a Zeus que le diese un poquito de fuego para los humanos. ¡Ni de coña! dijo Zeus. Entonces Prometeo en un descuido robó una chispa del rayo de Zeus y la bajó a los humanos para que su vida fuese mejor.
Zeus se dio cuenta de que en la Tierra había fogatas y decidió encadenar a Prometeo a una montaña como castigo. Yo, personalmente, habría sido más duro con Prometeo. ¿Ayudar a los humanos? ¿De qué vas, payaso? Desgraciadamente, Hércules rescató a Prometeo y como castigo ahora el Hércules está en Segunda B.
De pronto me di cuenta de que los señores bomberos se habían dormido ante el rollazo que les estaba metiendo. Pues nada, hay que aprovechar las oportunidades: les robé el camión y así ya tengo mangueras nuevas para la ducha de mañana.
Es que uno nunca sabe las sorpresas que te puede deparar un domingo cualquiera...
Santi Malasombra
domingo, 28 de febrero de 2016
Te cuento un cuento
La vida está llena de momentos desagradables que yo trato de evitar: dar los buenos días, dar las gracias, sonreír, ser amable...ese tipo de cosas. Pero a veces uno ha de hacer sacrificios para conseguir lo que quiere o para tener contentas a ciertas personas.
El caso es que tengo una amiga que alguna vez ha trabajado para mí y digamos que le debo un favor. Me llamó porque tenía un compromiso ineludible y quería que hiciese de canguro de su hija el fin de semana. La niña tiene cuatro años y no se atreve a dejarla sola en casa. No entiendo porqué. Yo, con cuatro años, organicé mi primer motín en la guardería y puse en jaque a los antidisturbios.
Bueno, llegó a mi castillo y su madre me la dejó con unas cuantas advertencias:
-Malasombra, que no tome dulces, que no beba cerveza, que no fume y que no juegue con armas.
-¡Jo! Me quitas todo lo divertido, a ver cómo la entretengo.
-Nada, he traído alguno de sus juguetes, que juegue con ellos o que vea un canal infantil en la tele y cuando tenga sueño la acuestas y ya está.
-Bueno, vale, está bien, marcha tranquila.
Allí me quedé con la niña y la verdad es que no causó ninguna molestia. Se entretuvo con sus cosas y no me molestó en absoluto. Al anochecer le dije que se fuese a la cama y así lo hizo. La arropé, pero antes de salir de la habitación me dijo:
-Señor Malasombra, cuénteme un cuento para que pueda dormir.
-¿Un cuento? ¡Jo! ¿Es necesario?
-Mi mamá siempre lo hace. Porfi, cuénteme un cuento...
-¡Está bien!
Mira, había una vez una niña de rubios cabellos llamada Caperucita a la que su mamá encargó una misión: tenía que llevar un anillo por el bosque y tirarlo en el Monte del Destino en Mordor.
Caminaba cantando canciones de Siniestro Total hasta que llegó a una casita de paja. Tocó a la puerta y dijo:
-¡Ábreme la puerta o soplaré, soplaré y tu casa derribaré!
Un cerdito abrió la puerta y le dijo:
-¿Qué quieres, Caperucita?
-Nada, señor cerdito, sólo quería preguntar si este es el camino correcto para Mordor.
-Pues sí. Todo recto, muchacha- dijo entre risas.
-¿De qué te ríes?
-Nada, del imbécil de mi hermano que ha construido una casa de ladrillos para nada.
-¡Ah, vale! Pensaba que me tomabas el pelo.
-No, Caperucita, sigue tu camino.
La niña siguió caminado y se encontró con el lobo feroz.
-¿Dónde vas, Caperucita?
-Mira, lobo, tengo prisa y no estoy para bobadas. A un kilómetro hay un cerdito que vive en una casa de paja el muy tonto. Ve allí y podrás zampártelo.
-¡Oh! ¡Gracias, niña!
-¡A mandar!
De pronto, se encontró con una tribu de osos de peluches y les preguntó:
-¿Qué hacéis en medio del bosque?
-Vivimos aquí y vamos a ayudar a la rebelión a destruir la Estrella de la Muerte.
-¿Por qué motivo?
-Es que nuestro nuevo dios, C3PO, tiene poderes y levita en el aire.
-¡Idiotas! Eso no es más que un truco Jedi. Porque tengo prisa, pero lo que debería es avisar a Darth Vader de vuestros planes.
-Niña, déjanos en paz con nuestras cosas.
-Vale, vale,que os den...
Caperucita ya estaba a punto de abandonar el bosque y llegar al monte cuando encontró a una niña encerrada en una torre que suplicaba su ayuda:
-Ayúdame, que estoy encerrada y no puedo salir.
-¡Vaya por Dios! ¿Y quién eres tú?
-Me llamo Rapunzel y me han encerrado.
-Por algún motivo, supongo.
-Dicen que soy repelente.
-Y seguramente lo seas, pero yo no me voy a interponer, que tengo cosas que hacer.
-Al menos dame algo para comer.
-Bueno, espera que hago una llamada.
Al rato apareció una ancianita con una manzana y Caperucita le dijo que se la diera a Rapunzel.
-Pero no es Blancanieves- dijo ella.
-Ya, pero dice que es la más guapa del reino.
-¡Se va a enterar esa presumida!
-Ea, toda tuya, me largo.
Por fin llegó Caperucita al borde del Monte del Destino y cuando sacó el anillo para tirarlo apareció un hombre calvo de aspecto desaliñado que le gritó:
-No, Caperucita, no tires el anillo.
-¿Por qué no voy a tirarlo?
-Es de oro y conozco una casa de empeños donde venderlo y con el dinero podemos comprar cervezas.
-Me gustas como piensas, tío, ¿cómo te llamas?
-Homer Simpson.
-Presiento que este es el comienzo de una hermosa amistad.
Lo cierto es que la niña se había dormido nada más comenzar el cuento, pero yo lo acabé de todas formas. No sé porqué, pero sospecho que las setas que cené tenían un sabor extraño...¡Anda! ¡Un unicornio! ¡Un unicornio!
Santi Malasombra
El caso es que tengo una amiga que alguna vez ha trabajado para mí y digamos que le debo un favor. Me llamó porque tenía un compromiso ineludible y quería que hiciese de canguro de su hija el fin de semana. La niña tiene cuatro años y no se atreve a dejarla sola en casa. No entiendo porqué. Yo, con cuatro años, organicé mi primer motín en la guardería y puse en jaque a los antidisturbios.
Bueno, llegó a mi castillo y su madre me la dejó con unas cuantas advertencias:
-Malasombra, que no tome dulces, que no beba cerveza, que no fume y que no juegue con armas.
-¡Jo! Me quitas todo lo divertido, a ver cómo la entretengo.
-Nada, he traído alguno de sus juguetes, que juegue con ellos o que vea un canal infantil en la tele y cuando tenga sueño la acuestas y ya está.
-Bueno, vale, está bien, marcha tranquila.
Allí me quedé con la niña y la verdad es que no causó ninguna molestia. Se entretuvo con sus cosas y no me molestó en absoluto. Al anochecer le dije que se fuese a la cama y así lo hizo. La arropé, pero antes de salir de la habitación me dijo:
-Señor Malasombra, cuénteme un cuento para que pueda dormir.
-¿Un cuento? ¡Jo! ¿Es necesario?
-Mi mamá siempre lo hace. Porfi, cuénteme un cuento...
-¡Está bien!
Mira, había una vez una niña de rubios cabellos llamada Caperucita a la que su mamá encargó una misión: tenía que llevar un anillo por el bosque y tirarlo en el Monte del Destino en Mordor.
Caminaba cantando canciones de Siniestro Total hasta que llegó a una casita de paja. Tocó a la puerta y dijo:
-¡Ábreme la puerta o soplaré, soplaré y tu casa derribaré!
Un cerdito abrió la puerta y le dijo:
-¿Qué quieres, Caperucita?
-Nada, señor cerdito, sólo quería preguntar si este es el camino correcto para Mordor.
-Pues sí. Todo recto, muchacha- dijo entre risas.
-¿De qué te ríes?
-Nada, del imbécil de mi hermano que ha construido una casa de ladrillos para nada.
-¡Ah, vale! Pensaba que me tomabas el pelo.
-No, Caperucita, sigue tu camino.
La niña siguió caminado y se encontró con el lobo feroz.
-¿Dónde vas, Caperucita?
-Mira, lobo, tengo prisa y no estoy para bobadas. A un kilómetro hay un cerdito que vive en una casa de paja el muy tonto. Ve allí y podrás zampártelo.
-¡Oh! ¡Gracias, niña!
-¡A mandar!
De pronto, se encontró con una tribu de osos de peluches y les preguntó:
-¿Qué hacéis en medio del bosque?
-Vivimos aquí y vamos a ayudar a la rebelión a destruir la Estrella de la Muerte.
-¿Por qué motivo?
-Es que nuestro nuevo dios, C3PO, tiene poderes y levita en el aire.
-¡Idiotas! Eso no es más que un truco Jedi. Porque tengo prisa, pero lo que debería es avisar a Darth Vader de vuestros planes.
-Niña, déjanos en paz con nuestras cosas.
-Vale, vale,que os den...
Caperucita ya estaba a punto de abandonar el bosque y llegar al monte cuando encontró a una niña encerrada en una torre que suplicaba su ayuda:
-Ayúdame, que estoy encerrada y no puedo salir.
-¡Vaya por Dios! ¿Y quién eres tú?
-Me llamo Rapunzel y me han encerrado.
-Por algún motivo, supongo.
-Dicen que soy repelente.
-Y seguramente lo seas, pero yo no me voy a interponer, que tengo cosas que hacer.
-Al menos dame algo para comer.
-Bueno, espera que hago una llamada.
Al rato apareció una ancianita con una manzana y Caperucita le dijo que se la diera a Rapunzel.
-Pero no es Blancanieves- dijo ella.
-Ya, pero dice que es la más guapa del reino.
-¡Se va a enterar esa presumida!
-Ea, toda tuya, me largo.
Por fin llegó Caperucita al borde del Monte del Destino y cuando sacó el anillo para tirarlo apareció un hombre calvo de aspecto desaliñado que le gritó:
-No, Caperucita, no tires el anillo.
-¿Por qué no voy a tirarlo?
-Es de oro y conozco una casa de empeños donde venderlo y con el dinero podemos comprar cervezas.
-Me gustas como piensas, tío, ¿cómo te llamas?
-Homer Simpson.
-Presiento que este es el comienzo de una hermosa amistad.
Lo cierto es que la niña se había dormido nada más comenzar el cuento, pero yo lo acabé de todas formas. No sé porqué, pero sospecho que las setas que cené tenían un sabor extraño...¡Anda! ¡Un unicornio! ¡Un unicornio!
Santi Malasombra
Suscribirse a:
Entradas (Atom)