Hola, enemiguitos. Uno de los grandes misterios para nosotros es saber qué lleva la gente en su bolso. No seré yo quién trate de descifrarlo, pero sí puedo contar lo que llevo en el mío.
Tengo un bolso de esos de bandolera que llevan muchos hombres hoy en día. Hace unos años la gente los miraría mal, pero vamos evolucionando.
Vayamos al asunto, aunque alguna cosa ya he contado en las redes sociales:
Un puro y un mechero
Evidentemente su función es muy sencilla. En el caso de quedarme encerrado en un sitio cerrado lo puedo encender y molestar a la gente. Me molestaría a mí mismo, pero a veces hay que hacer sacrificios.
Tarántulas de plástico
Las que tengo son muy realistas y son muy útiles para colocarlas, por ejemplo, en la cinta de la caja de un supermercado. Me han proporcionado muchas risas y les tengo cariño.
Pegamento Instantáneo
Es perfecto para pegar la taza de café al platillo una vez que has terminado de tomarlo. Lo dejas en la barra del bar y seguro que el camarero se divierte. Eso sí, no conviene repetir en el mismo bar porque pueden tomar represalias. A no ser que en un momento de despiste lo cambies por el de otra mesa y puedan culpar a otro. No siempre hay ocasión, pero si se presenta, se aprovecha.
Una cerbatana
Ha de ser casera porque una real es muy larga y no cabría en el bolso. Lo ideal es un trozo de tubo de aluminio de una vieja antena de televisión, aunque también sirve un bolígrafo recortado. Este maravilloso artefacto requiere poca explicación: disimuladamente lanzas los proyectiles a la gente en cualquier sitio. Yo utilizo granos de arroz que parece que no, pero a la velocidad que salen hacen daño.
Chinchetas
Evidentemente se colocan en los asientos de transporte público. Es muy importante ponerlas con la punta hacía arriba.
Carteles adhesivos
Llevo de diferentes tipos y no muy grandes: "CERRADO" para ponerlo en la puerta de una tienda que esté abierta. "AVERIADO" para ascensores de edificios con muchas plantas. "TODO AL 50%" para establecimientos en época que no haya rebajas.
Denuncias falsas
Las voy colocando en los parabrisas de coches que están aparcados. Si se fijan bien, descubrirán que no son reales, pero el susto se lo llevan.
Multiherramienta
Una de esas pequeñas que constan de alicates, tijeras, sierra y un par de puntas de destornillador. Nunca sabes si te vas a encontrar con algo que se pueda desmontar: la estantería de una tienda, la placa de un notario, etc...
Ajo
Esto tiene dos usos: por si te encuentras con un vampiro o por si tienes que hablar con alguien, te comes un ajo y el aliento habla por ti.
Aceite para masajes
Está claro que no es para masajes. lo suelo llevar en spray y es muy divertido rociar un poco en un suelo liso. El resbalón está asegurado.
Cosas varias
Bueno, por último, me refiero a lo que suele llevar todo el mundo: pañuelos de papel, las llaves, el móvil, la llave inglesa, un lápiz, un gnomo, chicles, aspirinas, una brújula, un mapa de Groenlandia...en fin...lo normal.
Espero que hayáis tomado nota y que todos os animéis a equipar vuestros bolsos correctamente.
Santi Malasombra
domingo, 4 de septiembre de 2016
domingo, 28 de agosto de 2016
El principio de Malasombra.
A veces me siento y recuerdo cosas, pero me levanto y se me olvidan. Vale, voy a sentarme porque si no no podré escribirlas.
Corría el año doscientos nosecuántos a.C. cuando conocí a Arquímedes, el gran sabio griego que nació y vivió en Siracusa, Sicilia.
Voy a parar un segundo porque se me acumulan las cosas:
1- Los años no corren y si no me creéis poned un calendario en en suelo y veréis como no se mueve..a no ser que haya viento.
2. Sí, Arquímedes fue siciliano, pero se le considera griego. Lo mismo es porque entonces Sicilia formaba parte de la "Magna Grecia".
3. Pues para el tres no se me ocurre nada por lo que voy a seguir.
Estaba el tío Arqui con sus historias cuando el rey Hieron II me dijo:
-Oye, Malasombra, busca a Arquímedes para que halle la forma de saber si la corona de oro que he encargado es de oro realmente y no de una mezcla de metales más barata.
-Majestad, no hace falta. Si me deja puedo torturar al orfebre para que confiese la verdad.
-Malasombra, te he dicho mil veces que la tortura no es la mejor solución.
-Ya, pero es tan divertida. Porfa, porfa, déjeme.
-¡Que no! ¡Tráeme a Arquímedes!
-Buenoooooo, valeeeeeee...
Llegué a la casa de Arquímedes y le conté el problema del rey.
-Malasombra, eso es muy difícil, pero lo averiguaré. Eso sí, necesito tiempo.
-Oye, Arquí, no me vengas con historias que tengo prisa.
-Pero hombre, ¿tú te crees que todo es fácil o qué?
Me tomé aquello como un reto y ya que no me dejaban torturar al orfebre pues le tocó al sabio. llené una bañera y lo metí dentro. No dejéis que os engañen: la tortura siempre es la mejor idea.
Ya en la bañera empujé su cabeza bajo el agua y la volví a sacar.
-¿Qué? ¿Encuentras la solución?
-Malasombra, así es imposible- suplicaba Arquimedes.
-Ya verás como sí se te ocurre algo- dije mientras volvía a sumergir su cabeza.
La mala suerte quiso que en ese momento me resbalase y Arquímedes salió corriendo desnudo por la calle gritando:
¡Eureka! ¡Eureka!
Pues no sé, pero seguramente estaría llamando a algún amigo vasco para que le ayudase, pero el caso es que al cabo de un rato lo volví a atrapar y cuando iba a volver a meterlo en la bañera vi la luz, la apagué y se me ocurrió la solución al caer en la cuenta de que el cuerpo de Arqiuímedes desplazaba agua al entrar y salir.
-Escucha, Arqui, el oro tiene una densidad determinada y desplazará una cantidad de agua distinta a la de los otros metales. Si sumergimos un lingote de la misma cantidad de oro puro que tiene la corona debería desplazar la misma cantidad de agua. Si es distinta sabremos que está engañando al rey.
-¡Hostia, Malasombra! ¡Pues es verdad! ¡Eres un genio!
-Ya, ya, pero hagamos una cosa. Diremos que lo has descubierto tú porque si el rey se entera de que soy tan listo me pondrá a investigar y a hacer cosa de científicos y eso es muy aburrido.
-¿En serio quieres darme a mí el mérito?
-Por supuesto que sí. Yo prefiero apalancarme en la barra de una taberna a levantar vidrio.
Así sucedieron las cosas y todo volvió a la normalidad hasta que los romanos nos acosaron por nosequé de una de las guerras púnicas o algo y se cargaron al pobre Arquímedes mientras hacía cosas. Por cierto, antes utilizó las palancas inspirado en mi brazo apoyado en la barra del bar y quemó unos barcos al darse cuenta de que los vasos de cerveza que me tomaba reflejaban la luz del sol en un punto concreto.
La verdad es que el hombre no tenía ni idea de nada y se aprovechó de mi sabiduría, pero no me importa porque yo me uní a los romanos y les ayudé a levantar un imperio, pero eso es otra historia...tal vez algún día os la cuente...
domingo, 3 de julio de 2016
La maldad y el calor
Muchos me acusan de maldad y es una acusación acertada: me declaro orgullosamente culpable. El problema es los que van de buenos y también son malos.
Como ejemplo están los señores meteorólogos. Vamos a ver, ¿a qué viene que haga calor? ¿porqué no estamos todo el año a 15 grados centigrados? Por cierto, ¿os habéis dado cuenta de que grados rima con centigrados? ¿Son poetas? Lo que son es gentuza. Encima salen por la tele con esa falsa sonrisa cuando nos atizan con aquello de "hoy subirán las temperaturas". ¡Dejad en paz a la señora Temperatura! ¿Acaso ella os molesta?
Bueno, recibimos una llamada en el teléfono de aludidos.
-Soy la señora Temperatura y estoy muy cansada.
-Lo comprendo señora, yo estaría igual.
-Todo el año subiendo y bajando. Vivo en una escalera continua de la que no puedo salir.
-¿Ha pensado usted en plantarse?
-Muchas veces, pero el señor Mercurio no me deja: es un tirano.
-Perdone usted, señora, pero recibimos la llamada del señor Meteorólogo.
-Verán, me están acusando de algo de lo que soy inocente. Yo me limito a contar las variaciones del clima y no tengo la culpa ni del frío ni del calor.
-Señor Meteorólogo, desde el más profundo respeto y con cariño: ¡Váyase usted a la mierda!
-Pero...
-¡Corta la llamada! ¿Pero qué se habrá creído ese asqueroso? Llama para poner cordura en mi blog. Si yo estuviese cuerdo no escribiría estas cosas. Estaría casado con la señora Cuerda, tendríamos cuerdecitas y las criaríamos para que en el futuro fuesen cuerdas de provecho como las que se usan para colgar jamones.
-Le agradezco, señor Malasombra, que sea tan comprensivo conmigo.
-Es mi obligación, señora Temperatura, ya la despido que he de continuar escribiendo.
Voy a tratar de continuar con lo que estaba comentando sobre la maldad. Pues eso, que hay malvados disfrazados de buenos, lobos con piel de cordero. Por cierto, ¿cómo podrá el lobo ponerse la piel de un cordero? ¡El lobo es más grande! Voy a llamar al lobo a ver qué me dice.
-¿Señor Lobo?
-Sí, soy yo y soluciono problemas.
-Ah, no, yo buscaba a otro lobo.
-¿Y porqué me molesta? A ver si llamo a Marsellus Wallace y le manda a John Travolta y a Samuel L. Jackson para que le den un escarmiento.
-Señor Lobo, que soy Malasombra y tenía el teléfono en contactos. En la L de conductor novato.
-Ah, hombre, no te había reconocido. Nada tío, ¿todo bien?
-No me quejo. A ver si quedamos un día para cenar o algo. Por cierto, ahora que caigo, ¿sabes porqué Samuel sigue con la L? Ya tiene una edad y una amplia trayectoria en el mundo del cine. ¡No es un novato!
-Cuando lo vea se lo pregunto. Venga, te dejo y ya nos veremos.
-¡Ea!
A ver si ahora doy con el lobo que busco...
-Soy el Lobo, ¡qué gran turrón!
-¡Joer! Hoy no es mi día. Escucha, turrón, descansa que ya hablaremos en navidad y eso.
Voy a por el tercer intento:
-¿Sí?
-¿Es el Lobo?
-Sí, soy americano y estoy en París.
-¡Me cago en los mosquitos de cartón! ¡Imposible!
-¿Qué desea?
-Nada, nada, no te interrumpo que tendrás que zamparte a unos cuantos franceses.
Nunca pensé que diría esto, pero me rindo. Ya lo dejo porque seguro que me sale Leonardo Di Caprio y me habla de Wall Street o me sale el lobo de la fábula del pastor.
Me he perdido y no sé por donde voy ni lo que estaba escribiendo. Ahí se acerca una niña, le preguntaré:
-Niña, ¿por dónde iba?
-Ni idea, señor, yo voy a llevar una cestita a casa de mi abuelita...
¿PORQUÉ ME HACEN ESTO LAS MUSAS? ¿ES QUE NO PUEDO ESCRIBIR COHERENTEMENTE?
¡SOY LA MUSA! ¡ES POR EL CALOR, MALASOMBRA!
¡JO!
Santi Malasombra
Como ejemplo están los señores meteorólogos. Vamos a ver, ¿a qué viene que haga calor? ¿porqué no estamos todo el año a 15 grados centigrados? Por cierto, ¿os habéis dado cuenta de que grados rima con centigrados? ¿Son poetas? Lo que son es gentuza. Encima salen por la tele con esa falsa sonrisa cuando nos atizan con aquello de "hoy subirán las temperaturas". ¡Dejad en paz a la señora Temperatura! ¿Acaso ella os molesta?
Bueno, recibimos una llamada en el teléfono de aludidos.
-Soy la señora Temperatura y estoy muy cansada.
-Lo comprendo señora, yo estaría igual.
-Todo el año subiendo y bajando. Vivo en una escalera continua de la que no puedo salir.
-¿Ha pensado usted en plantarse?
-Muchas veces, pero el señor Mercurio no me deja: es un tirano.
-Perdone usted, señora, pero recibimos la llamada del señor Meteorólogo.
-Verán, me están acusando de algo de lo que soy inocente. Yo me limito a contar las variaciones del clima y no tengo la culpa ni del frío ni del calor.
-Señor Meteorólogo, desde el más profundo respeto y con cariño: ¡Váyase usted a la mierda!
-Pero...
-¡Corta la llamada! ¿Pero qué se habrá creído ese asqueroso? Llama para poner cordura en mi blog. Si yo estuviese cuerdo no escribiría estas cosas. Estaría casado con la señora Cuerda, tendríamos cuerdecitas y las criaríamos para que en el futuro fuesen cuerdas de provecho como las que se usan para colgar jamones.
-Le agradezco, señor Malasombra, que sea tan comprensivo conmigo.
-Es mi obligación, señora Temperatura, ya la despido que he de continuar escribiendo.
Voy a tratar de continuar con lo que estaba comentando sobre la maldad. Pues eso, que hay malvados disfrazados de buenos, lobos con piel de cordero. Por cierto, ¿cómo podrá el lobo ponerse la piel de un cordero? ¡El lobo es más grande! Voy a llamar al lobo a ver qué me dice.
-¿Señor Lobo?
-Sí, soy yo y soluciono problemas.
-Ah, no, yo buscaba a otro lobo.
-¿Y porqué me molesta? A ver si llamo a Marsellus Wallace y le manda a John Travolta y a Samuel L. Jackson para que le den un escarmiento.
-Señor Lobo, que soy Malasombra y tenía el teléfono en contactos. En la L de conductor novato.
-Ah, hombre, no te había reconocido. Nada tío, ¿todo bien?
-No me quejo. A ver si quedamos un día para cenar o algo. Por cierto, ahora que caigo, ¿sabes porqué Samuel sigue con la L? Ya tiene una edad y una amplia trayectoria en el mundo del cine. ¡No es un novato!
-Cuando lo vea se lo pregunto. Venga, te dejo y ya nos veremos.
-¡Ea!
A ver si ahora doy con el lobo que busco...
-Soy el Lobo, ¡qué gran turrón!
-¡Joer! Hoy no es mi día. Escucha, turrón, descansa que ya hablaremos en navidad y eso.
Voy a por el tercer intento:
-¿Sí?
-¿Es el Lobo?
-Sí, soy americano y estoy en París.
-¡Me cago en los mosquitos de cartón! ¡Imposible!
-¿Qué desea?
-Nada, nada, no te interrumpo que tendrás que zamparte a unos cuantos franceses.
Nunca pensé que diría esto, pero me rindo. Ya lo dejo porque seguro que me sale Leonardo Di Caprio y me habla de Wall Street o me sale el lobo de la fábula del pastor.
Me he perdido y no sé por donde voy ni lo que estaba escribiendo. Ahí se acerca una niña, le preguntaré:
-Niña, ¿por dónde iba?
-Ni idea, señor, yo voy a llevar una cestita a casa de mi abuelita...
¿PORQUÉ ME HACEN ESTO LAS MUSAS? ¿ES QUE NO PUEDO ESCRIBIR COHERENTEMENTE?
¡SOY LA MUSA! ¡ES POR EL CALOR, MALASOMBRA!
¡JO!
Santi Malasombra
domingo, 12 de junio de 2016
Zanahorias, sentidos y frustranosequé.
A veces me siento solo a reflexionar sobre la vida mientras contemplo una zanahoria morada. ¿Sabéis que hay zanahorias moradas? Seguro que sí.
El caso es que repasando mi biografía me entra el desasosiego: ¿he sido lo suficientemente malo? Me gusta pensar que sí, pero creo sinceramente que nunca llegaré a ser tan malvado como quisiera.
Sí, enemiguitos míos, incluso yo tengo fustrra..fruta...fusr...fustaci...fruitis..frus...¡Joer! ¿Os dais cuenta? Ni siquiera soy capaz de escribir correctamente "frustraciones" y el estar solo en este momento es un nuevo error. Si tuviese a alguien cerca le habría pegado y me quedaría tranquilo, pero ¿qué hago ahora? ¿pegarle a la zanahoria morada?
Como dijo el economista austriaco Friedrich Hayek: en un orden espontáneo no pueden evitarse las frustraciones inmerecidas.
Es decir, que los desordenados están condenados a la frustración. Por otra parte una escritora austriaca, Elfriede Jelinek, dijo que el arte y el orden son parientes enemistados. Llegamos a la conclusión de que las personas ordenadas o que acatan el orden establecido no pueden ser artistas.
Para crear arte has de ser desordenado o rebelde y frustrado...
No me convence esa conclusión. Para llevar acabo el noble arte de la estafa o el chantaje estás obligado a ser ordenado porque si dejas cabos sueltos no funciona. Si la maldad es un arte, que evidentemente lo es, ¿porqué precisa de orden? ¿Eh? ¿Eh?
Es lo que pasa cuando leo cosas de austriacos estando de resaca. ¿Qué sabrán ellos? Si ni siquiera hablan español.
Pues aquí sigo con la zanahoria morada. ¿Sabíais que una jirafa puede limpiarse las orejas con su propia lengua? ¡Qué asco!
Vale, lo reconozco, es que me propuse escribir una historia todos los domingos y a veces no me vienen ideas o, como hoy, las que tengo no me convencen o no sé cómo terminarlas. Es que si hay algo que odie más que la "música" de Maná es repetirme. Pero estoy dispuesto a correr el riesgo escribiendo sin sentido.
-Perdona, Malasombra, sí tiene sentido: escribes de izquierda a derecha.
-No me refiero a ese sentido. imbécil.
-¿A qué sentido te refieres? ¿Tacto, oído, gusto, vista, gusto?
-Pues sí, Santi, a esos sentidos me refiero. Ven que te lo explico mejor.
-Oye, no te molestes, que los conozco.
-No, hombre, no, ya que te has infiltrado en mi historia te voy a dar una lección magistral sobre los sentidos.
-¿Y esas cuerdas? ¿Para qué son?
-Adivina, adivinanza...
-¡Nooooooooo!
-Bueno, Santi, ahora que estás atado te voy a mostrar para que sirven los sentidos. ¿Ves lo que llevo en la mano?
-¡Una tarántula!
-Cierto, la vista funciona. Ahora te meto la araña en la boca, ¿a qué sabe?
-¡Agggggghhhhhh! ¡No lo sé!
-Bueno, el gusto lo tienes regular. Ahora voy a hervir coliflor delante de donde estás sentado.
-¡Qué mal huele!
-¡Bien! Te funciona el olfato. Ahora vayamos con el oído. Espera un momento que saco del calabozo a los de Coldplay para que te canten.
-¡Por favor! ¡Eso no! ¡Dont,t be cruel!
-¡Sufre, mamón! ¡Devuélveme a mi chica!
-¿Pero qué dices, "trastornao"?
-Y, por último, el tacto. Seguramente el sentido más placentero para mí. Siente el tacto de mi mano.
¿Santi? ¿No dices nada?
Bueno, como seguramente habréis adivinado le he pegado un puñetazo, pero viendo que está inconsciente y sangra, lo mismo me he pasado un pelín.
Venga, que voy a ver si lo reanimo que en el fondo no soy tan malo. Así me respondo a la pregunta que me hice antes: ¿he sido lo suficientemente malo?
Evidentemente, no: soy un pedacito de pan.
Santi Malasombra
El caso es que repasando mi biografía me entra el desasosiego: ¿he sido lo suficientemente malo? Me gusta pensar que sí, pero creo sinceramente que nunca llegaré a ser tan malvado como quisiera.
Sí, enemiguitos míos, incluso yo tengo fustrra..fruta...fusr...fustaci...fruitis..frus...¡Joer! ¿Os dais cuenta? Ni siquiera soy capaz de escribir correctamente "frustraciones" y el estar solo en este momento es un nuevo error. Si tuviese a alguien cerca le habría pegado y me quedaría tranquilo, pero ¿qué hago ahora? ¿pegarle a la zanahoria morada?
Como dijo el economista austriaco Friedrich Hayek: en un orden espontáneo no pueden evitarse las frustraciones inmerecidas.
Es decir, que los desordenados están condenados a la frustración. Por otra parte una escritora austriaca, Elfriede Jelinek, dijo que el arte y el orden son parientes enemistados. Llegamos a la conclusión de que las personas ordenadas o que acatan el orden establecido no pueden ser artistas.
Para crear arte has de ser desordenado o rebelde y frustrado...
No me convence esa conclusión. Para llevar acabo el noble arte de la estafa o el chantaje estás obligado a ser ordenado porque si dejas cabos sueltos no funciona. Si la maldad es un arte, que evidentemente lo es, ¿porqué precisa de orden? ¿Eh? ¿Eh?
Es lo que pasa cuando leo cosas de austriacos estando de resaca. ¿Qué sabrán ellos? Si ni siquiera hablan español.
Pues aquí sigo con la zanahoria morada. ¿Sabíais que una jirafa puede limpiarse las orejas con su propia lengua? ¡Qué asco!
Vale, lo reconozco, es que me propuse escribir una historia todos los domingos y a veces no me vienen ideas o, como hoy, las que tengo no me convencen o no sé cómo terminarlas. Es que si hay algo que odie más que la "música" de Maná es repetirme. Pero estoy dispuesto a correr el riesgo escribiendo sin sentido.
-Perdona, Malasombra, sí tiene sentido: escribes de izquierda a derecha.
-No me refiero a ese sentido. imbécil.
-¿A qué sentido te refieres? ¿Tacto, oído, gusto, vista, gusto?
-Pues sí, Santi, a esos sentidos me refiero. Ven que te lo explico mejor.
-Oye, no te molestes, que los conozco.
-No, hombre, no, ya que te has infiltrado en mi historia te voy a dar una lección magistral sobre los sentidos.
-¿Y esas cuerdas? ¿Para qué son?
-Adivina, adivinanza...
-¡Nooooooooo!
-Bueno, Santi, ahora que estás atado te voy a mostrar para que sirven los sentidos. ¿Ves lo que llevo en la mano?
-¡Una tarántula!
-Cierto, la vista funciona. Ahora te meto la araña en la boca, ¿a qué sabe?
-¡Agggggghhhhhh! ¡No lo sé!
-Bueno, el gusto lo tienes regular. Ahora voy a hervir coliflor delante de donde estás sentado.
-¡Qué mal huele!
-¡Bien! Te funciona el olfato. Ahora vayamos con el oído. Espera un momento que saco del calabozo a los de Coldplay para que te canten.
-¡Por favor! ¡Eso no! ¡Dont,t be cruel!
-¡Sufre, mamón! ¡Devuélveme a mi chica!
-¿Pero qué dices, "trastornao"?
-Y, por último, el tacto. Seguramente el sentido más placentero para mí. Siente el tacto de mi mano.
¿Santi? ¿No dices nada?
Bueno, como seguramente habréis adivinado le he pegado un puñetazo, pero viendo que está inconsciente y sangra, lo mismo me he pasado un pelín.
Venga, que voy a ver si lo reanimo que en el fondo no soy tan malo. Así me respondo a la pregunta que me hice antes: ¿he sido lo suficientemente malo?
Evidentemente, no: soy un pedacito de pan.
Santi Malasombra
domingo, 5 de junio de 2016
Aquí sí hay playa
Nueve de la mañana. La chica que limpia la escalera está haciendo su trabajo. Espero pacientemente a que termine y llegue al portal. Llevo unas zapatillas con las suelas impregnadas en alquitrán y bajo tranquilamente pisando lo recién fregado y asegurándome de que ella me ve. Su cara no tiene precio y me insulta. Le doy los buenos días con mi exquisita educación. Ya en la acera me pongo unos zapatos y tiro las zapatillas manchadas al contenedor de residuos orgánicos.
Es hora de llamar a un taxi que me lleve a la playa. Llega enseguida, le digo el lugar y apenas unos metros más adelante saco de mi mochila una pistola y apunto al taxista:
-Señor taxista, conduzca hasta donde le he dicho y no habrá problemas.
-¿Es un atraco?
-Ya veremos cuando lleguemos. Su vida y su dinero dependerá de usted.
El trayecto dura media hora. La aterrorizada cara del taxista es una bonita compañía. Llegamos al lugar y se vuelve ofreciéndome el dinero que tenía y suplicando por su vida.
-¿Cuánto cobraría usted normalmente por este trayecto?- Pregunté.
-Veinticinco euros.
-Pues tome treinta y quédese la vuelta que ha sido una broma.
-¿Una broma?
-Si no le ha hecho gracia me da igual: yo he disfrutado del viaje. Por cierto, no pierda el tiempo con denuncias que la pistola es de juguete.
Bajo del vehículo y me alejo rápidamente dejando a aquel hombre con la cara más blanca que...algo que sea muy blanco.
Bueno, pues ya estoy en la playa y respiro el inconfundible olor del pescado frito. Me acerco al chiringuito y pido una ración:
-Camarero, sea generoso con la ración, que traigo hambre atrasada. Luego me cobra lo que corresponda.
-Muy bien, señor, ¿y para beber?
Miro a aquel tipo con cara de sorpresa.
-¿Cómo dice? ¿Acaso sirven alguna bebida que no sea cerveza?
-Bueno, sí: vino, agua, refrescos...y por supuesto cerveza.
-Perdóneme, pero me parece intolerable que alguien pueda beber algo que no sea cerveza, que es lo que me va a poner a mí. Si los demás quieren tirar su vida a la basura pidiendo otras cosas es su problema.
-Bien, señor, le pondré una cerveza fresquita- Dijo el camarero con cara de "La de gilipollas que tiene que aguantar uno en este trabajo".
He de reconocer que el pescado estaba exquisito y la cerveza maravillosa. Pero no podía pasar por alto el hecho de que en aquel lugar también servían agua y estaba dispuesto a vengar tal afrenta. Saqué de mi mochila un tarro con cucarachas y las arrojé sobre las tapas que estaban en el mostrador. Las caras de asco de muchos clientes y el intento de agresión del camarero demostró que había hecho bien. Salí huyendo y, por supuesto, sin pagar.
El día estaba resultando ser más agradable de lo que había planeado y decidí dar un paseo por la orilla de la playa. Me di cuenta de que la gente me miraba raro, pero no sabía porqué. De pronto se me acercó un niño y me preguntó desde la inocencia:
-Señor, ¿porqué va vestido con traje y corbata en la playa? ¡Hace mucho calor!
-Bueno, chaval, es un homenaje a mis amigos australes, ¿sabes que en muchos países ahora es invierno y hace frío? ¿No te han enseñado eso en la universidad?
-No, señor, tengo seis años.
-¿Dónde están tus padres?
-Mi papá está allí con mi mamá.
-Llámalo, que he de hablar con él.
El niño resultó que era obediente y llamó a su padre. Se acercó y me preguntó si había algún problema.
-Sé que no es asunto mío, señor, pero ¿no le da vergüenza que su hijo no vaya todavía a la universidad? ¡Tiene seis años! A su edad yo ya tenía una carrera. Cierto es que compré el título con sobornos y chantajes, pero eso es secundario.
-¿Está usted loco? ¡Deje en paz a mi hijo y lárguese!
-Está bien, pero dele recuerdos a su esposa que es una señora muy simpática. Cada vez que terminamos de hacer el amor me cuenta un chiste.
-¡Hijo de p***! ¿Cómo se atreve a decir eso delante de mi hijo? ¡Le voy a partir la cara!
-¡Y yo me voy a partir de risa! ¡Dice que es su hijo! ¡Qué inocente! ¡Si cuando le ven a usted la gente se pregunta de qué ganadería es!
Vale, lo reconozco, me atizó un puñetazo, pero son gajes del oficio. Nadie dijo que la vida fuese fácil.
Pues ya estaba acabando la mañana e iba siendo hora de volver a casa. Lo mismo debería llamar al mismo taxista de antes, pero no sé si sería buena idea. Robé una bicicleta, llamé a otro taxi, coloqué la bicicleta en la baca y me llevó a casa. Ya sé que algunos os preguntaréis que porqué robé la bicicleta...
¡Pues por puro placer! Además, ¿quiénes sois vosotros para pedirme explicaciones!
¡Esto no quedará así!
¡Me vengaré!
Santi Malasombra
-
Es hora de llamar a un taxi que me lleve a la playa. Llega enseguida, le digo el lugar y apenas unos metros más adelante saco de mi mochila una pistola y apunto al taxista:
-Señor taxista, conduzca hasta donde le he dicho y no habrá problemas.
-¿Es un atraco?
-Ya veremos cuando lleguemos. Su vida y su dinero dependerá de usted.
El trayecto dura media hora. La aterrorizada cara del taxista es una bonita compañía. Llegamos al lugar y se vuelve ofreciéndome el dinero que tenía y suplicando por su vida.
-¿Cuánto cobraría usted normalmente por este trayecto?- Pregunté.
-Veinticinco euros.
-Pues tome treinta y quédese la vuelta que ha sido una broma.
-¿Una broma?
-Si no le ha hecho gracia me da igual: yo he disfrutado del viaje. Por cierto, no pierda el tiempo con denuncias que la pistola es de juguete.
Bajo del vehículo y me alejo rápidamente dejando a aquel hombre con la cara más blanca que...algo que sea muy blanco.
Bueno, pues ya estoy en la playa y respiro el inconfundible olor del pescado frito. Me acerco al chiringuito y pido una ración:
-Camarero, sea generoso con la ración, que traigo hambre atrasada. Luego me cobra lo que corresponda.
-Muy bien, señor, ¿y para beber?
Miro a aquel tipo con cara de sorpresa.
-¿Cómo dice? ¿Acaso sirven alguna bebida que no sea cerveza?
-Bueno, sí: vino, agua, refrescos...y por supuesto cerveza.
-Perdóneme, pero me parece intolerable que alguien pueda beber algo que no sea cerveza, que es lo que me va a poner a mí. Si los demás quieren tirar su vida a la basura pidiendo otras cosas es su problema.
-Bien, señor, le pondré una cerveza fresquita- Dijo el camarero con cara de "La de gilipollas que tiene que aguantar uno en este trabajo".
He de reconocer que el pescado estaba exquisito y la cerveza maravillosa. Pero no podía pasar por alto el hecho de que en aquel lugar también servían agua y estaba dispuesto a vengar tal afrenta. Saqué de mi mochila un tarro con cucarachas y las arrojé sobre las tapas que estaban en el mostrador. Las caras de asco de muchos clientes y el intento de agresión del camarero demostró que había hecho bien. Salí huyendo y, por supuesto, sin pagar.
El día estaba resultando ser más agradable de lo que había planeado y decidí dar un paseo por la orilla de la playa. Me di cuenta de que la gente me miraba raro, pero no sabía porqué. De pronto se me acercó un niño y me preguntó desde la inocencia:
-Señor, ¿porqué va vestido con traje y corbata en la playa? ¡Hace mucho calor!
-Bueno, chaval, es un homenaje a mis amigos australes, ¿sabes que en muchos países ahora es invierno y hace frío? ¿No te han enseñado eso en la universidad?
-No, señor, tengo seis años.
-¿Dónde están tus padres?
-Mi papá está allí con mi mamá.
-Llámalo, que he de hablar con él.
El niño resultó que era obediente y llamó a su padre. Se acercó y me preguntó si había algún problema.
-Sé que no es asunto mío, señor, pero ¿no le da vergüenza que su hijo no vaya todavía a la universidad? ¡Tiene seis años! A su edad yo ya tenía una carrera. Cierto es que compré el título con sobornos y chantajes, pero eso es secundario.
-¿Está usted loco? ¡Deje en paz a mi hijo y lárguese!
-Está bien, pero dele recuerdos a su esposa que es una señora muy simpática. Cada vez que terminamos de hacer el amor me cuenta un chiste.
-¡Hijo de p***! ¿Cómo se atreve a decir eso delante de mi hijo? ¡Le voy a partir la cara!
-¡Y yo me voy a partir de risa! ¡Dice que es su hijo! ¡Qué inocente! ¡Si cuando le ven a usted la gente se pregunta de qué ganadería es!
Vale, lo reconozco, me atizó un puñetazo, pero son gajes del oficio. Nadie dijo que la vida fuese fácil.
Pues ya estaba acabando la mañana e iba siendo hora de volver a casa. Lo mismo debería llamar al mismo taxista de antes, pero no sé si sería buena idea. Robé una bicicleta, llamé a otro taxi, coloqué la bicicleta en la baca y me llevó a casa. Ya sé que algunos os preguntaréis que porqué robé la bicicleta...
¡Pues por puro placer! Además, ¿quiénes sois vosotros para pedirme explicaciones!
¡Esto no quedará así!
¡Me vengaré!
Santi Malasombra
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